jueves, 2 de agosto de 2012

La casa familiar donde pasé parte de mi infancia quedaba en la calle Lavalle. Todavía recuerdo el salón de costura con muebles con cajoncitos llenos de retazos, hilos, tijeras, lanas y patrones. La gran mesa central del salón, donde las mujeres de la familia se dedicaban a sus labores de costura a la hora de la siesta. Nosotros los niños, espiábamos trepados a las ramas del gran tilo que custodia
ba el fondo de la antigua casona, como las mujeres bordaban, tejian y cosian sus propias prendas, siempre sujetando sus recogidos para no entropecer la tarea.
El olor a budín de pan y a flan casero, a casa de la abuela. Jugar todos juntos al elástico, a las payanas, a la bolita o al balero.
Lavalle son las señoritas coquetas que pasean del brazo mirando vidrieras, saludando a su paso a los comerciantes de la zona con una sonrisa.
Lavalle son la abuela Cata y la tía Matilde y éste mi homenaje a ellas...